2666. Roberto Bolaño.
Ya decía Einstein que poner la mano sobre una estufa caliente por unos segundos podía parecer una eternidad. Algo semejante ocurre a leer 2666, es como poner la vista en un desierto a pleno sol. De hecho la novela empieza con una cita de Baudelaire "un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento". Epígrafe que se comprende solo al culminar la novela.
Santa Teresa es el atractor extraño en el que confluyen todas las iniquidades del hombre, como si éstas pudiesen concentrarse en un punto de fuga, el núcleo del desorden entrópico que consumirá a la humanidad.
Me tomó varios meses leerla, más allá de su extensión, la novela se torna lenta y en momentos aburrida (la parte de Amalfitano la superé con la disciplina del escolar que debe cumplir una tarea), la parte de Los Críticos tiene el gancho aparente por el que creí que discurriría el libro (la búsqueda del escritor Archimboldi), al principio me empeciné en buscar ¿a dónde va esto? A mitad de la primera parte concluí que no valía la pena hacerlo, que era mejor dejarse llevar por el flujo de episodios, aparentemente inconexos, que se iban dando uno tras otro. La parte de Fate fue un respiro, admiro esta parte por el cambio de tono del "sesudismo intelectual" al de crónica deportiva y negra , un efecto de estilo que imprime fuerza al relato y al mismo tiempo te sumerge en el pequeño infierno de santa Teresa. La parte de los Crímenes es quizás la más impactante, hay también un cambio de estilo que va de la crónica negra al documento sumarial. Aunque no hay violencia clara y explicita, Bolaño imprime en ese "llegar después a los sucesos" todos los rastros que hacen un efecto mucho más impactante que es de mostrar las secuelas de la violencia y dejar al lector que imagine cómo pudo ocurrir aquello. La parte de los Crímenes es una sucesión de historias inconclusas, como los centenares de crímenes de Ciudad Juárez que permanecen sin cierre definitivo y empolvándose en algún depósito de la judicial. La parte de Archimboldi, que yo esperaba como el cierre de una sinfonía y como punto de clímax, como el ojo al que debía converger todo ese huracán, no lo sentí así.
Me decepcionó que se limitara a contarnos la historia lineal del personaje con giros folletinescos y mucho sexo gratuito, sobre todo me sorprendió la forma como Bolaño despacha la facilidad de Archimboldi para publicar y convertirse en un escritor de culto (tres envíos de su novela hace hasta que encuentra un editor que cree ciegamente en su talento) se dice que esto fue un agradecimiento a Herralde por la fe que tuvo en él. A los que nos hemos acercado al mundo de las publicaciones solo podemos decir que no es nada como eso. En esta parte también hay párrafos excepcionales y es quizás la parte que más se enfoca sobre el arte de escribir y las penurias del acto creativo. Una de las cargas que lleva todo escritor es "Miedo a ser malos. También,
miedo a no ser reconocidos. Pero,
sobre todo, miedo a ser malos. Miedo a que sus esfuerzos y afanes caigan en el
olvido. Miedo a la pisada que no deja huella.
Miedo a los elementos del azar y de la naturaleza que borran las huellas poco profundas. Miedo a cenar solos y a que nadie repare en tu presencia. Miedo a no ser apreciados. Miedo al fracaso y al ridículo. Pero sobre todo miedo a ser malos. Miedo a habitar, para siempre jamás, en el infierno de los malos escritores."
Miedo a los elementos del azar y de la naturaleza que borran las huellas poco profundas. Miedo a cenar solos y a que nadie repare en tu presencia. Miedo a no ser apreciados. Miedo al fracaso y al ridículo. Pero sobre todo miedo a ser malos. Miedo a habitar, para siempre jamás, en el infierno de los malos escritores."
2666 es in libro compuesto por una corriente de historias, cuando lo entendí lo disfruté. Quizás por el mismo motivo por el que disfrutamos la compañía de esos amigos de los que no esperamos nada. Y así era 2666, un amigo de esos que te pide prestado y nunca te paga, que te deja embarcado, que cuando está contigo exige toda tu atención, pero que aún así no dejamos de frecuentar.
2666 es también un combate narrativo, una historia totalizadora en la que se conjuga un siglo de historia. De los horrores de la II Guerra Mundial a la de los asesinatos de Santa Teresa. De los caminos creativos, del mundillo infame de la farándula literaria, del amor, del sexo, es (parafraseando al mismo Bolaño) un combate real, una obra torrencial e imperfecta que abre camino a lo desconocido.

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