Dublinesca. Enrique Vila-Matas.
Vila-Matas es un escritor que ejerce un efecto hipnótico cada vez que lo leo. Desde el Viaje Vertical (que es uno de viajes también) soy un seguidor de este autor. Dublinesca ha sido lo último que he leído de él.
El factor común en las obras que le he leído es el hombre derrotado, el otrora vencedor que de pronto o paulatinamente se va hundiendo en las ruinas de sus glorias.
En Dublinesca tenemos a un editor retirado que rumia constantemente frente a su computadora por nunca haber encontrado a ese autor maravilloso, al diamante en bruto que habría sido pulido con su ayuda. Por el contrario, se decepcionó de esas raras avis que son los escritores por sus manías, sus mezquindades y un largo etc. que lo llevó a entablar amistad con solo uno de sus autores publicados.
Así mismo, el protagonista engaña a sus padres haciéndoles creer que sigue viajando por Europa participando en ferias de libros y dictando conferencias. Él alega para así mismo que no quiere verlos preocupados pero muy pronto descubrimos que es él quien no quisiera que todo hubiese acabado. Es un alcohólico en recuperación y su esposa se angustia por temor a una recaída.
Samuel Riba es un hombre que se ha quedado sin propósito en la vida y decide hacer un a viaje con sus amigos a Dublín en la víspera del Bloomsday, para recrear, como una escena del Ulises de Joyce, un funeral para la Galaxia Gutenberg, porque Riba está convencido que los medios digitales terminarán por desplazar a los libros impresos. Estamos en la víspera de una transformación del conocimiento y ello terminará por salpicar a la literatura.
El paseo de Riba y sus amigos por Dublín, la reconstrucción del 16 de junio del Ulises, se ha convertido en un viaje pendiente para conocer esa ciudad (por supuesto en el Bloomsday). Otro detalle interesante de Dublinesca es la construcción del discurso en un esquema de "personajes" "lugares" "acciones", y cómo Vila-Matas disecciona el viaje como si fuera una guía de clases.
Esa estructura se me hacía conocida, en alguna parte la habia visto, y Vila-Matas no duda en darte la pista para que descubras el juego al nombrar un libro que reúne los apuntes de clases de Nabokov. Un curso de literatura europea es el libro que se lleva Riba a Dublin. Hace tiempo que yo lo había comprado pero no lo había leído completo. Cuando lo revisé me encontré exactamente el esquema que usó Vila-Matas para contar su historia del viaje.
Un juego, quizás obvio para los expertos en literatura, pero de los que te hacen sentir cómplice del autor y la historia. Ese detalle era en sí mismo parte del viaje, un truco metaliterario que me dice que quizás para ir a Dublín solo hace falta leer el Ulises de Joyce.
El factor común en las obras que le he leído es el hombre derrotado, el otrora vencedor que de pronto o paulatinamente se va hundiendo en las ruinas de sus glorias.
En Dublinesca tenemos a un editor retirado que rumia constantemente frente a su computadora por nunca haber encontrado a ese autor maravilloso, al diamante en bruto que habría sido pulido con su ayuda. Por el contrario, se decepcionó de esas raras avis que son los escritores por sus manías, sus mezquindades y un largo etc. que lo llevó a entablar amistad con solo uno de sus autores publicados.
Así mismo, el protagonista engaña a sus padres haciéndoles creer que sigue viajando por Europa participando en ferias de libros y dictando conferencias. Él alega para así mismo que no quiere verlos preocupados pero muy pronto descubrimos que es él quien no quisiera que todo hubiese acabado. Es un alcohólico en recuperación y su esposa se angustia por temor a una recaída.
Samuel Riba es un hombre que se ha quedado sin propósito en la vida y decide hacer un a viaje con sus amigos a Dublín en la víspera del Bloomsday, para recrear, como una escena del Ulises de Joyce, un funeral para la Galaxia Gutenberg, porque Riba está convencido que los medios digitales terminarán por desplazar a los libros impresos. Estamos en la víspera de una transformación del conocimiento y ello terminará por salpicar a la literatura.
El paseo de Riba y sus amigos por Dublín, la reconstrucción del 16 de junio del Ulises, se ha convertido en un viaje pendiente para conocer esa ciudad (por supuesto en el Bloomsday). Otro detalle interesante de Dublinesca es la construcción del discurso en un esquema de "personajes" "lugares" "acciones", y cómo Vila-Matas disecciona el viaje como si fuera una guía de clases.
Esa estructura se me hacía conocida, en alguna parte la habia visto, y Vila-Matas no duda en darte la pista para que descubras el juego al nombrar un libro que reúne los apuntes de clases de Nabokov. Un curso de literatura europea es el libro que se lleva Riba a Dublin. Hace tiempo que yo lo había comprado pero no lo había leído completo. Cuando lo revisé me encontré exactamente el esquema que usó Vila-Matas para contar su historia del viaje.
Un juego, quizás obvio para los expertos en literatura, pero de los que te hacen sentir cómplice del autor y la historia. Ese detalle era en sí mismo parte del viaje, un truco metaliterario que me dice que quizás para ir a Dublín solo hace falta leer el Ulises de Joyce.

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