Magda se quedó dormida con la lluvia en el techo, ya casi amanece. Las almohadas de su cama se han saturado con sus lágrimas. Gracias al aguacero de los últimos dos días, ha podido enconcharse en su cuarto sin la molestia de las vecinas, ni la de Armando y mucho menos Carmen. Sueña que está en una balsa a la deriva.
Durmió una hora, abrió los ojos, el sonido que la arrulló es ahora un escándalo sobre su cabeza. Levanta la mirada y cree ver el techo deformado por las gotas inmensas, intenta encender la luz pero el foco no responde. Decide levantarse para bajar las cuchillas de energía, cuando pone los pies en el piso encuentra agua hasta sus tobillos. Abre la puerta del cuarto y ve el pasillo inundado. Magda sale al patio y ahora el agua le llega a las rodillas, no cesa de llover. Decide trepar al techo por una escalerilla que Armando había dispuesto para mover la antena de la TV. Resbalando por las tejas mohosas llega al punto más alto de la casa. Entonces ella ve un torrente de agua ocre ocupando la calle. Parte de la corriente deshace a las casas con furia.
Magda se sienta sobre las tejas y se resigna a dejarse ensopar por la lluvia, sólo espera que el nivel del agua no ascienda más. Una serie de objetos flotaban sobre el río desbordado: la jaula de unos loros, cauchos de carros, bicicletas, también logra ver varios de sus floreros deambulando por el garaje, la gorra de béisbol de Armando. Magda se la regaló en el aniversario de bodas, ella la distingue por su azul eléctrico, la gorra giraba como en un excusado gigante. Esa gorra era lo único que le agradaba de los Mets, también le gustaba la forma como le lucía a Armando. Ahora mientras ve la gorra ser arrastrada por las aguas, sólo siente las nauseas. Lo mismo al mirar las flores plásticas atrapadas por la corriente, eran los arreglos que su hermana Carmen solía obsequiarle. Magda a veces llegaba del trabajo y encontraba a Carmen ordenando las flores de su sala y a Armando sentado en el sofá, la escena no le pareció extraña la primera vez, pero sí a la cuarta: Carmen estaba maquillada, tenía su conjunto de blusa corta y minifalda. “¿Y a donde vas?” le preguntó Magda esa vez. “A ninguna parte, nada mas vine a visitarlos y a dejarte este arreglo que hice ayer” y luego Carmen se marchó. Ella miró a Armando. Él la ignoró.
Magda mira hacia la derecha, a dos casas de la suya está la de su hermana, da una ojeada sobre el techo esperando encontrarlos a ambos, pero la lluvia no le permite ver bien. Ella podría pensar que esta inundación es la peor de sus desgracias, pero cuando mira el agua sacar sus pertenencias a la calle no piensa eso. El día anterior había pensado en mudarse.
Hace dos días llegó más temprano que de costumbre, entró a la casa y encontró un suéter de Carmen en un sillón. Caminó con sigilo felino hasta las habitaciones. Los vio en el cuarto de huéspedes, desnudos y tumbados sobre una colchoneta verde. Magda abrió la puerta y entonces cayó el silencio. Ambos se medio vistieron y salieron de la casa. “Llévate esa colchoneta” Fue lo último que le dijo a Armando. Él la tomó antes de salir. Luego ella cayó en su cama. Lloró. Por dos horas se deshizo, deseaba escurrirse como sus llanto entre los hilos de sus sábanas. Esa noche comenzó a llover y aún no para.
Magda mira la corriente del río desbordado, una colchoneta verde pasa fugazmente frente a la casa antes de hundirse. Se levanta y mira hacia la casa de Carmen, ahora descubre que una parte está sepultada por el barro. Ella siente un alivio en la boca del estómago. Un segundo después sus piernas no la aguantan, cae sentada, coloca su cabeza entre las rodillas y llora nuevamente, sus lágrimas se confunden con la lluvia.
Javier Domínguez

2 comentarios:
Hola javier, siempre me ha gustado la tristeza que se transmite a través de las palabras (leerla y escribirla), esa fuerza indefinible que nos remite a una sensación, o que la despierta desde el enfoque de ese personaje. Disfruté la lectura porque sentí la tristeza de Magda antes de saber por qué era. Estaba en sus gestos, en los efectos de la lluvia y en los objetos preciosos convertidos en despojos antes que el agua llegara a tocarlos. Luego se sostuvo en los motivos, dando sentido a las imágenes. Ella lo expresa a través de todo el cuento: una tragedia más terrible que la que vive en ese momento por la lluvia, con la pérdida de sus enseres y probablemente de su casa.
Esa manera que se enlaza el paisaje alrededor con los sentimientos del personaje, como al descuido, como si no tuvieran nada que ver, pero que refuerzan la imagen de un sentimiento, en este caso la tristeza, me gusta mucho. Saludos.
Hola Rachel, gracias por tu comentario. Recuerdo que tú captaste exactamente lo que deseaba transmitir la primera vez que lo leí en público. Hay tristezas así de grandes, que nos hacen saltar los abismos sin importarnos lo que dejamos atrás.
Saludos.
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