
A mi me dio un fresquito cuando Tom Hanks anunció, de manera atropellada, a The hurt locker como la ganadora a mejor película en los Oscar, Cameron trataba de encasillar su frustración, de doblarla como una servilleta y guardársela en el bolsillo, la caja de las heridas (que sería la burda traducción literal de The hurt…) le explotó en la cara.
Seguramente él esperaba un destino diferente para su película, pero el resto de la humanidad sabía algo que él deseaba ignorar: Avatar sin duda será un hito en cuanto a al aspecto técnico, seguramente se ha iniciado otra forma de hacer cine, pero los efectos son un soporte para una historia, cosa en la que Avatar no sorprende, ni dice nada nuevo. Quizás la nueva tecnología 3D, permita en el futuro hacer una versión de Moby Dick y hasta sintamos como nos salpica el agua marina o experimentemos los malestares del mar de leva, pero sin la historia de Ahap y la venganza a toda costa, igual no pasará de curiosidad de circo, una novedad para el fin de semana.
Por eso ya sabíamos el destino de Avatar: le reconocerán sus innovaciones en el aspecto técnico, pero hasta ahí (cosa muy merecida por cierto), porque no importa como se disfrace la historia de Pocahontas, ese cuento es conocido y si no se introduce un giro más original que pintar de azul a los protagonistas, pues no se puede esperar reconocimientos distintos. De hecho, lo que se premia de Avatar es el realismo con el que se nos muestra el mundo de Pandora, ese es un su giro original, eso es lo que premia el público. Así quedaba claro cuál era el destino de Avatar en su paseo por los festivales de cine y la entrega del Oscar.

Y esto del destino es curioso, porque The hurt locker trata sobre él. Difiero de las reseñas que he leído acerca de esta película y que la pintan como una historia sobre un hombre que es convertido por la guerra en un junkie del peligro. Cuando la vi me pareció que James (el protagonista de The hurt... no el compungido perdedor del Oscar) era algo más que un adicto a la adrenalina, esa es la percepción que nos quiere dar la directora y el guionista hasta el sorprendente flashback del final. De hecho esos son los minutos más impactantes del film; como si la verdadera guerra no estuviera en Bagdad sino en el casillero del dolor, por lo que el título vendría a ser un juego de palabras entre el significado que le dan los soldados a las bombas y ese casillero que lleva a cuestas James.
Y entonces es ahí por donde se cuela el tema del destino: ¿Qué tal si aquello que sabemos hacer mejor es desarmar bombas? ¿Si lo único que entendemos en la vida es el mecanismo de los explosivos? ¿Si hurgamos en nuestra vida y encontramos ahí el único talento? ¿Si es lo único que nos emociona? Y de hecho, es lo único que mantienen vivo a James, el protagonista no puede morir porque está cumpliendo su destino, transitando su vía, la que él ha decidido y ciertamente no podemos entender del todo sus motivos, porque como decía Morfeo a Neo: “hay una diferencia entre conocer el camino y andar por el camino”, por eso vemos a James, embutido en su semi-traje espacial, yendo por una vereda de Bagdad hacia otra bomba, para algunos un simple adicto, un desquiciado, para mí una persona más cuerda y cercana al entendimiento aunque le falte hacerse las preguntas correctas.
Uno podría pensar en Full metal jacket como una referencia, y en la caminata final de los soldados mientras cantaban la canción del Club de Mickey Mouse, pero a diferencia de aquellos soldados que caminaban entre las ruinas sin saber a donde, James tiene al menos una idea del sendero que desea transitar, James tiene un propósito: sentirse vivo.
The hurt... también tiene sus sombras: el guión refuerza de una manera atroz los estereotipos post-11S: los iraquíes que combaten al ejército norteamericano son simples terroristas, están en cualquier parte y son como fantasmas listos para atacar, son despiadados y usan niños y gente inocente para destruir a sus enemigos, claro, se omite el detallito de que los enemigos son un ejército invasor.
Pero volviendo a lo del destino: Avatar tenía el suyo como producto de consumo masivo, The hurt locker tiene otro como herramienta de indagación de las teclas que mueven a los humanos a ir por las búsquedas que nos inquietan, aunque éstas nos lleven por senderos aparentemente desquiciados.
Para finalizar les dejo el temita de cierre de Full metal jacket.
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